{QUE GANE QUIEN MERECE GANAR ...¿O NO?}
Foto: Jose Lara Bayer
Que gane quien merece ganar...¿o no?
Pocas cosas revelan más el sentimiento de injusticia como un partido de futbol en el mundial.
Mi tío me decía hace unos días "cuando ves un partido de futbol, y no le vas a ninguno solo te queda disfrutar del buen futbol". Y me quedé pensando en que probablemente tendemos menos a hablar de merecimiento/no merecimiento o de justicia/injusticia cuando nuestro equipo no juega. Porque cuando no estamos pasionalmente motivados, temas pasionales (como la justicia vs injusticia) nos arrastran menos.
Si la justicia fuera tan blanco o negro -que claro que algunas veces lo es- no tendríamos tantos abogados en nuestro país, y los procesos legales no serían tan largos, ni estarían llenos de tantos tecnicismos y "áreas grises" con las que se puede jugar. Quienes ejercen esta profesión y lo hacen de forma ética, luchan precisamente para que sean menos los grises y que existan lineamientos claros sobre el buen actuar. Algo así como lo que la FIFA ha tratado de hacer con tanta tecnología este año: el VAR, Adidas Connected Ball, Avatares 3D , fuera de juego semiautomático, football AI Pro, cámaras corporales en árbitros etc. Pero ¿incorporar tecnología ha hecho realmente que desaparezca el sentimiento de injusticia? No.
Claro, se han reducido algunos vacíos (¿hola Maradona?) pero el sentimiento de injusticia permanece: que si el fuera de lugar fue solo por una parte de la camiseta u hombro, que si la falta al inicio de la jugada tuvo o no tuvo que haber anular el gol, y así…
En algunos casos el merecimiento es evidente: pocos dirán que en el partido Brasil-Noruega, Brasil merecía ganar: en casos como ese incluso fanáticos de la canarinha (e inexpertos) como yo, podemos separar “la pasión” de lo “objetivo”. Sin embargo en otros casos no es tan evidente. Por ejemplo, algunos dirán que Argentina merecía ganarle a Egipto, porque fueron más resilientes y lograron sobreponerse a un marcador de 2-0. Otros dirán que Egipto merecía ganar porque les anularon dos goles “injustamente”, y no están bajo la “protección de la FIFA”.
Algo así como cuando decimos que la vida debiera de ser justa, pero la vida se define precisamente por que no lo es. Aunque quisiéramos, la vida no responde a los estándares bajo los cuales juzgamos las cosas como justas o injustas. La vida responde a....la vida. Si somos creyentes, diríamos que la vida responde a los designios de Dios; si no somos creyentes diríamos que la vida no sabe de moralidad, es simplemente vida.
En competencias como en el mundial de futbol, en donde hay una continuación, un “nivel superior” después de cada partido, aplica un concepto importante de la psicología del deporte a tener en mente: el tiempo de rebote mental. Esto es básicamente el tiempo que nos toma el reponernos de una situación que percibimos injusta, aunque hayamos ganado. Si jugamos contra un equipo, pero sentimos que nos la hicieron difícil, no por la calidad del juego sino por “amaños”, los partidos subsecuentes pueden resultar mentalmente más complejos. Un sentido de derrota anticipada puede instalarse. Por eso es tan importante para los jugadores en este tipo de competencias tratar de no engancharse tanto en percepciones de justicia/injusticia porque puede desenfocarlos. Es precisamente esto lo que ha dado nacimiento a expresiones como "¡así es el futbol!”. No es mediocridad, es sobrevivencia: para poder seguir vigente en estos campeonatos, esta percepción de lo que ocurre es mucho más segura y efectiva.
En la vida muchas veces ocurre algo similar, excepto que aquí no vamos por un mundial de un mes, vamos para largos años. En este caso resulta entonces mucho más complejo no engancharnos en reflexiones profundas sobre la justicia y la injusticia. Es más, engancharnos en estas conversaciones puede incluso tener un papel importante, no solo en la búsqueda de una sociedad más sana, sino también en la construcción de nuestra identidad y de una vida con significado. El tiempo de rebote mental sigue siendo útil en muchas ocasiones en donde no hay más que hacer que seguir. El piloto automático, la rutina y muchas de las estrategias que muchos gurús de la salud mental critican (porque ahora “todo tiene que ser intencional”), tienen también una función.
No es disociarnos de la vida, sino es simplemente saber que seguir sin darle muchas vueltas es a veces lo más seguro, lo mejor.
“¡Así es la vida!” “C’est la vie” no como conformismo, sino como distancia que en realidad, libera.
Andrea Desirée Cabrera-Lara
Guatemala Ciudad, Guatemala, Centroamérica.